Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
4. EL "PRACTICISMO" EN LA CUESTIÓN NACIONAL
Los oportunistas, con celo singular, han hecho suyo el argumento de Rosa Luxemburgo de que el § 9 de nuestro programa no contiene nada "práctico". Rosa Luxemburgo está tan entusiasmada con este argumento, que encontramos a veces en su artículo ocho veces, en una misma página, la repetición de esa "consigna".
El § 9 "no da -dice ella- ninguna indicación práctica para la política cotidiana del proletariado, ninguna solución práctica de los problemas nacionales".
Analicemos este argumento, que otras veces se formula de tal modo, de que el § 9 o no expresa absolutamente nada, u obliga a apoyar todas las aspiraciones nacionales.
¿Qué significa la reivindicación del "practicismo" en la cuestión nacional?
O bien un apoyo a todas las aspiraciones nacionales; o el contestar: "sí o no" al problema de la separación de cada nación; o, en general, la "posibilidad de realización" inmediata de las reivindicaciones nacionales.
Examinemos todos estos tres sentidos posibles de la reivindicación del "practicismo".
La burguesía, que naturalmente actúa en los comienzos de todo movimiento nacional como fuerza hegemónica (dirigente) del mismo, llama labor práctica a la prestación de apoyo a todas las aspiraciones nacionales. Pero la política del proletariado en la cuestión nacional (como en las demás cuestiones) sólo apoya a la burguesía en una dirección determinada, pero nunca coincide con su política. La clase obrera sólo apoya a la burguesía en interés de la paz nacional (que la burguesía no puede dar plenamente y que sólo es realizable en la medida de una completa democratización), en interés de la igualdad de derechos, en interés de una situación más favorable para la lucha de clases. Por eso, precisamente contra el practicismo de la burguesía, los proletarios propugnan una política de principios en la cuestión nacional, apoyando siempre a la burguesía sólo condicionalmente. En la cuestión nacional, toda burguesía desea o privilegios para su nación, o ventajas exclusivas para ésta; precisamente esto es lo que se llama "práctico". El proletariado está en contra de toda clase de privilegios, en contra de todo exclusivismo. Exigirle "practicismo" significa ir a remolque de la burguesía, caer en el oportunismo.
¿Contestar "sí o no" en lo que se refiere a la separación de cada nación? Parece una reivindicación sumamente "práctica". Pero, en realidad, es absurda, teóricamente metafísica, y en la práctica conduce a subordinar al proletariado a la política de la burguesía. La burguesía coloca siempre en primer plano sus reivindicaciones nacionales. Y las plantea de un modo incondicional. El proletariado las subordina a los intereses de la lucha de clases. Teóricamente, no puede garantizarse de antemano que la separación de una nación determinada o bien su igualdad de derechos con otra nación pondrá término a la revolución democrático-burguesa. Al proletariado le importa, en ambos casos, garantizar el desarrollo de su clase; a la burguesía le importa dificultar este desarrollo, supeditando las tareas de dicho desarrollo a las tareas de "su" nación. Por eso, el proletariado se limita a la reivindicación negativa, por así decir, de reconocer el derecho a la autodeterminación, sin garantizar nada a ninguna nación ni comprometerse a dar nada a expensas de otra nación.
Admitamos que esto no será "práctico", pero es de hecho lo que garantiza con mayor seguridad la más democrática de las soluciones posibles; el proletariado necesita tan sólo estas garantías, mientras que la burguesía de cada nación necesita garantías de sus ventajas, sin tener en cuenta la situación (las posibles desventajas) de otras naciones.
Lo que más interesa a la burguesía es que una reivindicación determinada sea "realizable"; de aquí la eterna política de transacciones con la burguesía de otras naciones en detrimento del proletariado. En cambio, al proletariado le importa fortalecer su clase contra la burguesía, educar a las masas en el espíritu de la democracia consecuente y del socialismo.
Admitamos que esto no sea "práctico" para los oportunistas, pero es la única garantía real, la garantía de la máxima igualdad y paz nacionales, a despecho tanto de los feudales como de Ia burguesía nacionalista.
Toda la misión de los proletarios en la cuestión nacional "no es práctica", desde el punto de vista de la burguesía nacionalista de cada nación, pues los proletarios exigen la igualdad "abstracta", la ausencia del más mínimo privilegio en principio, siendo enemigos de todo nacionalismo. No comprendiéndolo, Rosa Luxemburgo, al ensalzar de un modo poco razonable el practicismo, ha abierto las puertas de par en par precisamente para los oportunistas, en particular para las concesiones oportunistas al nacionalismo ruso.
¿Por qué al ruso? Porque los rusos son en Rusia la nación opresora, y en el aspecto nacional, naturalmente, el oportunismo tendrá una expresión entre las naciones oprimidas y otra, distinta, entre las opresoras.
La burguesía de las naciones oprimidas, en aras del "practicismo" de sus reivindicaciones, llamará al proletariado a apoyar incondicionalmente sus aspiraciones. ¡Lo más práctico sería decir terminantemente "sí" a la separación de tal o cual nación, y no al derecho de todas las naciones, cualesquiera que sean, a la separación!
El proletariado se opone a semejante practicismo: reconociendo la igualdad de derechos y el derecho igual a formar un Estado nacional aprecia y coloca por encima de todo la unión de los proletarios de todas las naciones, valorando toda reivindicación nacional, toda separación nacional bajo el ángulo de la lucha de clase de los obreros. La consigna del practicismo no es, en realidad, sino la consigna de tomar, sin crítica, las aspiraciones burguesas.
Se nos dice: apoyando el derecho a la separación, apoyáis el nacionalismo burgués de las naciones oprimidas. ¡Esto es lo que dice Rosa Luxemburgo y lo que tras ella repite el oportunista Semkovski, único representante, por cierto, de las ideas de los liquidacionistas sobre este problema en el periódico de los liquidacionistas!
Nosotros contestamos: no, precisamente a la burguesía es a quien le importa aquí una solución "práctica", mientras que a los obreros les importa la separación en principio de dos tendencias. En cuanto la burguesía de una nación oprimida lucha contra la opresora, nosotros estamos siempre, en todos los casos y con más decisión que nadie, a favor, ya que somos los enemigos más audaces y consecuentes de la opresión. En cuanto la burguesía de la nación oprimida está por su nacionalismo burgués nosotros estamos en contra. Lucha contra los privilegios y violencias de la nación opresora y ninguna tolerancia con respecto a la tendencia de la nación oprimida hacia los privilegios.
Si no propugnamos ni llevamos a la práctica en la agitación la consigna del derecho a la separación, favorecemos no sólo a la burguesía, sino a los feudales y al absolutismo de la nación opresora. Hace tiempo que Kautsky ha empleado ese argumento contra Rosa Luxemburgo, y este argumento es irrefutable. En su temor de "ayudar" a la burguesía nacionalista de Polonia, Rosa Luxemburgo, al negar el derecho a la separación en el programa de los marxistas de Rusia, ayuda, en realidad, a los rusos ultrarreaccionarios. Ayuda, en realidad, al conformismo oportunista con los privilegios (y con cosas peores que los privilegios) de los rusos.
Apasionada por la lucha contra el nacionalismo en Polonia, Rosa Luxemburgo ha olvidado el nacionalismo de los rusos, aunque precisamente este nacionalismo es ahora el más temible; es precisamente un nacionalismo menos burgués, pero más feudal; es precisamente el mayor freno para la democracia y la lucha proletaria En todo nacionalismo burgués de una nación oprimida hay un contenido democrático general contra la opresión, y a este contenido le prestamos un apoyo incondicional, apartando rigurosamente la tendencia al exclusivismo nacional, luchando contra la tendencia del burgués polaco a oprimir al hebreo, etc. etc.
Esto "no es práctico", desde el punto de vista del burgués y del filisteo. Pero es la única política práctica y de principios en la cuestión nacional, la única que de verdad ayuda a la democracia, a la libertad y a la unión proletaria Reconocer a todos el derecho a la separación; apreciar cada cuestión concreta tocante a la separación desde un punto de vista que elimine toda desigualdad de derechos, todo privilegio, todo exclusivismo.
Tomemos la posición de la nación opresora. ¿Puede acaso ser libre un pueblo que oprime a otros pueblos? No. Los intereses de la libertad de la población 3 de rusos exigen que se luche contra tal opresión. La larga historia, la secular historia de represión de los movimientos de las naciones oprimidas, la propaganda sistemática de esta represión por parte de las clases "altas", han creado enormes obstáculos a la causa de la libertad del mismo pueblo ruso en sus prejuicios, etc.
Los ultrarreaccionarios rusos apoyan conscientemente estos prejuicios y los atizan. La burguesía rusa transige con ellos o se amolda a ellos. El proletariado ruso no puede realizar sus fines, no puede desbrozar para sí el camino hacia la libertad sin luchar sistemáticamente contra estos prejuicios.
Formar un Estado nacional autónomo e independiente sigue siendo por ahora, en Rusia, tan sólo privilegio de la nación rusa. Nosotros, los proletarios rusos, no defendemos privilegios de ningún género y tampoco defendemos este privilegio. Luchamos sobre el terreno de un Estado determinado, unificamos a los obreros de todas las naciones de este Estado, no podemos garantizar tal o tal vía de desarrollo nacional, vamos a nuestro objetivo de clase por todas las vías posibles.
Pero no se puede ir hacia este objetivo sin luchar contra todos los nacionalismos y sin propugnar la igualdad de los obreros de todas las naciones. Así, por ejemplo, depende de mil factores, desconocidos de antemano, si a Ucrania le cabrá en suerte formar un Estado independiente. Y, no intentando "conjeturar" en vano, estamos firmemente por lo que es indudable: el derecho de Ucrania a semejante Estado. Respetamos este derecho, no apoyamos los privilegios del ruso, sobre los ucranianos, educamos a las masas en el espíritu del reconocimiento de este derecho, en el espíritu de la negación de los privilegios estatales de cualquier nación.
En los saltos por los que han atravesado todos los países en la época de las revoluciones burguesas, son posibles y probables los choques y la lucha por el derecho a un Estado nacional. Nosotros, proletarios, nos declaramos de antemano adversarios de los privilegios de los rusos, y en esta dirección desarrollamos toda nuestra propaganda y nuestra agitación.
En el afán de "practicismo", Rosa Luxemburgo ha perdido de vista la tarea práctica principal, tanto del proletariado ruso como del proletariado de toda otra nacionalidad: la tarea de la agitación y propaganda cotidianas contra toda clase de privilegios nacional-estatales, por el derecho, derecho igual de todas las naciones, a su Estado nacional; esta tarea es (ahora) nuestra principal tarea en la cuestión nacional, porque sólo así defendemos los intereses de la democracia y de la unión, basada en la igualdad de derechos de todos los proletarios de toda clase de naciones.
Poco importa que esta propaganda "no sea práctica" tanto desde el punto de vista de los opresores rusos como desde el punto de vista de la burguesía de las naciones oprimidas (unos y otros exigen un sí o no determinado, acusando a los socialdemócratas de "inconcreción"); en realidad, precisamente esta propaganda, y sólo ella, asegura una educación de las masas verdaderamente democrática y verdaderamente socialista. Sólo una propaganda tal garantiza también las mayores probabilidades de paz nacional en Rusia, si sigue siendo un Estado abigarrado desde el punto de vista nacional, y la división más pacifica (e innocua para la lucha de clase proletaria) en diversos Estados nacionales, si surge el problema de semejante división.
Para explicar de un modo más concreto esta política, la única proletaria en la cuestión nacional, analicemos la actitud del liberalismo ruso ante la "autodeterminación de las naciones" y el ejemplo de la separación de Noruega de Suecia.
5. LA BURGUESÍA LIBERAL Y LOS OPORTUNISTAS SOCIALISTAS EN LA CUESTIÓN NACIONAL
(3) A cierto L. Vl. de París le parece que esta palabra no es marxista. Este L. VI. es divertidamente "superklug" [lo que puede
traducirse por "superinteligente"]. El "superinteligente" L. Vl. se propone, por lo visto, escribir un estudio sobre la eliminación de
nuestro programa mínimo (¡desde el punto de vista de la lucha de clases!), de las palabras: "población", "pueblo", etc.
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